ÉTICA Y LIBERTAD ECONÓMICA

              
          Ya hemos visto otras veces que el éxito de la libertad económica corre parejo con la necesidad de controlarse por la ética. A mayor libertad mayor necesidad de autodominio ético personal que libera aún más y que  genera un proceso acumulativo de mayor libertad en un entorno cada vez más justo y enriquecedor. La libertad es, por definición, condición “sine qua non” para que se pueda hablar de comportamientos éticos. Dicho al revés: a mayor coacción menos responsabilidad personal y menos ética. En donde el hombre no actúa libremente allí no puede darse lo moral.
          Por eso conviene insistir en la conveniencia del libre mercado que es tan antiguo en la historia de la humanidad como el comercio griego o fenicio. Basado en un “estilo de vida en libertad”, como dirìa Tocqueville, y en el respeto y  defensa de la propiedad privada de los bienes, pone en marcha un fluido intercambio voluntario  que enriquece a todos y cada uno de los participantes activos en ese organismo econòmico. La cooperación espontánea se realiza mediante la flexibilidad de los precios como instrumento para la asignaciòn de recursos. Las personas, familias y empresas toman libremente sus decisiones econòmicas asumiendo los resultados, positivos o negativos, de las opciones elegidas.
          Pero la libertad humana es limitada.  No es un valor          absoluto. Está ordenada y potenciada por el bien y la verdad. Su penuria y falibilidad necesita reglas generales que la orienten en el buen sentido. Queda limitada por la ley, la moral y el perjuicio de terceros. La mayor parte de las decisiones en el ámbito económico y financiero se toman siguiendo una regularidad fruto de patrones de conducta inconscientes producto todos ellos de hàbitos, reglas y principios firmemente asentados. Muchas veces el actor  desconoce su significado pero actúa de forma automática siguiendo sus recomendaciones porque se es consciente que aumentan la capacidad de acierto. Esas cualidades estables casi inconscientes son hábitos operativos que pueden ser buenos (virtudes) o malos(vicios). Cuando decimos que un hombre es leal queremos significar que en ese hombre hay una cualidad estable que le permite realizar con prontitud, sin gran esfuerzo y sin apenas deliberación, actos de lealtad.
         La coacción se puede reducir a la mínima expresión sólo cuando los individuos se conforman voluntariamente  a esos principios naturales. La libertad nunca fructifica sin la existencia de profundos principios morales que se despliegan en multitud de hábitos prácticos en el quehacer cotidiano.
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