El mito de la superpoblación – CAPÍTULO IV – Apartado 2 – CRISIS ECONÓMICAS Y FINANCIERAS. CAUSAS PROFUNDAS Y SOLUCIONES.

CRISIS ECONÓMICAS Y FINANCIERAS. CAUSAS PROFUNDAS Y SOLUCIONES.

ÍNDICE

 CAPÍTULO IV

Apartado 2 

 El mito de la superpoblación         

         En las cuestiones referentes a la población es urgente desmitificar los números. La profesión de economista tiene una atracción fatal por el número. Desde tiempos inmemoriales el número ha estado envuelto en una aureola mágica de misterio y superstición, ejerciendo un atractivo especial sobre los humanos. Cada número expresa no sólo una cantidad sino también múltiples ideas y fuerzas que influyen en las elecciones de nuestro actuar. La interpretación de los números es una de las ciencias simbólicas más antiguas y Pitágoras o Boecio, por ejemplo, la consideraban como los instrumentos de la armonía cósmica e interior. No conviene emplear los números con un propósito equivocado porque se puede hacer mucho daño a los demás, especialmente a los más ignorantes y a los pueblos más supersticiosos. La eficacia del número supera la del vocablo puesto que es producto del signo y del sonido y, por lo tanto, su influencia es más fuerte y más misteriosa que la que ejerce la palabra.

          La cifra absoluta, abstracta y redonda con la que se intenta asustar a dos tercios de la humanidad  desde distintos foros e instituciones rimbombantes dedicadas teóricamente  a la población y desarrollo para que no se tengan   hijos, es la de diez mil millones de personas que los expertos gurús de la Naciones Unidas calculan que seremos, serán, en el año 2.050. Da la casualidad que el número diez mil tiene un simbolismo especial en las distintas culturas. En China, por ejemplo, diez mil significa la totalidad. Más allá no se puede ir. Dicho en términos vulgares parece que nos quieren decir, simple y llanamente que seremos muchísimos. Y esto, según ellos, no puede ser.

          Insisto en que parece que, con propósitos quizás inconfesables o por mera ignorancia ideológica, se quiera meter miedo en el cuerpo de muchas personas. Exponer reiteradamente la cifra absoluta de diez mil millones a través de los cada vez más poderosos medios de comunicación, y sin relativizar sensatamente dicho número, es como si, para incentivar el exterminio de las moscas y moscones del planeta, se insistiese en su cantidad global sin más consideraciones. De hecho pregunté a un experto catedrático de biología sobre este punto y, ante la imposibilidad del cálculo, lo tomó a broma en un primer momento, pero, ante mi insistencia, aventuró la cifra mínima de quinientos mil millones de moscas sólo en territorio español. Según mis cálculos eso significa una cifra aproximada total para el conjunto de la superficie terrestre de   140.788.000 millones de tales moscas y moscones. No digo nada sobre lo que se puede extrapolar para el año 2.050. Un efecto parecido se conseguiría si destacásemos reiteradamente la cifra global de ratones, mosquitos, cucarachas y otros bichos parecidos.

          En el debate población-desarrollo, contraponer la población a los recursos es un absurdo y una falacia porque la población es, a su vez, no sólo un recurso sino el recurso más importante y decisivo. La consecuencia lógica es que, al aumentar la población, si es una población mínimamente civilizada, posibilitamos el aumento multiplicado de los recursos.

          Pero, incluso dejando a un lado la riqueza prácticamente infinita y pendiente de descubrir que encierran los recursos materiales, la cifra mitificada de los diez mil millones, dada la superficie terrestre (y no digamos la superficie acuática), no es tampoco para asustar a nadie con un mínimo de conocimientos. No es tan fiero el león como lo pintan. Nuestra imaginación y nuestros fantasmas particulares nos hacen ver lobos salvajes donde, posiblemente, no hay más que mansos corderos. Aunque reconozco que normalmente tengo alergia al número a pesar de ser economista, en esta ocasión he caído en la maraña sinuosa de esa atracción fatal y me he puesto a la tarea de consultar algunos datos empíricos con los que poder multiplicar y dividir. Quiero transmitirles algunas de esas conclusiones numéricas a las que he llegado en esas investigaciones colegiales:

          Según estimaciones de Naciones Unidas en el año 1990 habitábamos la Tierra 5.292.195.000 de seres humanos. Con arreglo a la «proyección media» del mismo organismo internacional, el año 2.000 fuimos unos 6.260.800.000 personas las que vivíamos entonces; en el año 2.025 unas 8.504.223.000 y en el año 2.050 rondarán la citada cifra de 10.000.000.000. Puesto que la superficie terrestre del planeta Tierra es de unos 140 millones de Kms cuadrados eso significa que la densidad media del total era en 1990 de 37.8, de 44.7 en el año 2.000; será de 60.7 en el año 2.025 y de 71.4 en el mítico año del 2.050. Incluso en dicho año no se alcanzará la densidad de población actual de España cifrada en unos 77 habitantes por Km cuadrado. Tampoco alcanzará la densidad de población actual de múltiples países entre los que se pueden citar por ejemplo: Alemania con 220 por km cuadrado, Austria con 90, Bélgica con 324, Dinamarca con 119, Francia con 103 o Italia con 191.

          Para seguir desmitificando les diré que los 10.000 millones  cabemos, con exactitud meridiana, en la península Ibérica si ésta tuviese la densidad de población del Principado de Mónaco donde no parece que se viva mal a pesar de la crisis. También caben exactamente en uno cualquiera de los distintos países de superficie mediana como Chile, Ucrania, Zambia o incluso en la isla de Madagascar. El resto del mundo estaría desierto de seres humanos. La población total mundial del año 2.000 pudiera haber vivido en Estados Unidos y Canadá si estos tuviesen la densidad de población de Bélgica o de Los Países Bajos. Esa misma población mundial, repartida homogéneamente en toda la superficie terrestre, podrá disfrutar de una parcela de 22.364 metros cuadrados por persona incluyendo niños y ancianos. Suponiendo una media de 4 personas por unidad familiar les correspondería una parcela para vivir, trabajar y cultivar de 89.456 metros cuadrados.

          Con los adelantos de las ciencias y las tecnologías aplicadas es un absurdo plantear, hoy por hoy, límites a la población: si la densidad media del planeta fuese la de Suiza, la población mundial sería de 22.680 millones de personas; si fuese la de Italia, 26.740 millones; si tomamos la de Alemania, 30.800 millones; y si tomamos la de Bélgica viviríamos 50.820 millones. En ninguno de esos países parece que se viva con apreturas económicas.

                       El reto que plantea la relación entre población y desarrollo es especialmente atractivo para nosotros los economistas puesto que se trata de saber administrar recursos, a veces escasos pero a veces abundantes, y saber organizar el ecosistema socioeconómico humano para satisfacer y cumplimentar las necesidades de supervivencia y de mejor vida de poblaciones crecientes. Un buen médico pondrá todos los medios a su alcance para tratar de salvar la vida de la madre y la de su criatura en un embarazo o en un  parto difíciles; un mal médico cortará por lo sano y no se complicará la vida. De igual forma, los buenos economistas tratarán de organizar las estructuras económicas para mejorar la situación de poblaciones crecientes, sin recurrir a imposiciones o recomendaciones fáciles y antinaturales. Para que 10.000 millones de personas puedan vivir holgadamente en esta Tierra, no es necesario presionar de forma imperialista para que descienda la natalidad, sino que lo que se necesita realmente no es otra cosa que trabajo, estudio, competencia, tolerancia, austeridad fecunda e inteligente, ética, cooperación y  libre solidaridad: civilización en definitiva.   

CRISIS ECONÓMICAS Y FINANCIERAS.  CAUSAS PROFUNDAS Y SOLUCIONES

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CRISIS ECONÓMICAS Y FINANCIERAS.  CAUSAS PROFUNDAS Y SOLUCIONES

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN 

Capítulo IV

SOBRE LA POBLACIÓN, LA ECOLOGÍA  Y LOS RECURSOS

4.1.- Población y ecología humana

4.2.-  El mito de la superpoblación         

4.3.- Envejecimiento empobrecedor

4.4.-  Población y economía crecientes

4.5.-  Población, economía, aborto y anticonceptivos

4.6.- Economía y ecología humana